Piques Cortos por Picadas

“Los hombres son todos iguales” No. No. No. Pero solemos ser así… y bué. Hay algunos denominadores comunes que nos unen en el género y nos hace sentirnos más amigos de nuestros amigos porque tenemos más intereses en común. De eso se trata, creo.

El asado, por ejemplo. Nos encanta juntarnos entre carnes. Incluso, algunos, hasta disfrutan de hacerlo. Asadores, ellos. Que prender el fuego, que salar la carne, que sellarla, que subir la parrilla, que la subí demasiado, que la papa va en papel metálico, que le pusiste demasiado papel metálico, que el carbón es malo, que la carne es buena, que pásenme un vasito de vino, que el tenedor, que qué calor hace acá. Éstos, generalmente, cuentan con técnicas milenarias y se exponen a la mirada ajena de los de afuera que, entre algunas distracciones, suelen mantenerse atentos a cualquier irregularidad que merezca una corrección. De todas formas, confieso que no es mi caso, lo mío son las ensaladas. Y no hay  asado sin picada, no señor.

En Groupon, la oferta era “desde $80 en vez de $172 por una picada para 4, 6 u 8 personas más tabla de madera en Roncesvalles”. Click. “¡Yo llevo la picada!” Asunto cerrado. La tabla de madera, que venía de regalo, tenía jamon crudo, cocido, bondiola, lomo, salame, queso gruyere, roquefort y aceitunas.

Volviendo a que los hombres somos todos iguales, el fútbol es otro ejemplo de interés en común. Podemos simpatizarlo, fanatizarlo, criticarlo, irracionalizarlo, y hasta jugarlo. Basta decir “Román” para que se arme un lío, un debate casi filosófico… es que para nosotros el fútbol no es fútbol, es ajedrez mezclado con poesía. “Messi” generalmente es brindis, abrazo y algún nudito en la garganta. Del mismo modo, ir a jugar al fútbol no es pasar un rato divertido entre amigos, es dejar el alma en ese verde césped sintético de la cancha de papi fútbol. “Picado” le decimos. Vamos con pantaloncitos cortos, con medias tres cuartos, botines profesionales, alguna camiseta original (mientras más exótico el equipo mejor) y algún que otro arquero hasta se lleva sus propios guantes. El noventa por ciento de las veces que jugamos sentimos que fuimos la figura, aunque casi nunca los demás tienen el paladar deportivo para percibirlo. La estadística sería que de cada diez jugadores de fútbol amateur, siete están convencidos de que fueron figuras del último partido que jugaron, y aprovechan los asados para contarlo. El gol qué hice, el pase que metí, la rompí… ¿La realidad? No la sé, pero a modo ilustrativo esto pasó alguna vez en un partido de fútbol entre mis amigos.

Qué extraño método tiene nuestra habilidad deportiva para expresarse… será que picada mata picado. En fín, viernes a la noche: ¿por qué no unir fuerzas? Sí. Decidimos entonces juntarnos entre amigos a vivir un poco, a parlotear con un asado de por medio y una picada para matar la ansiedad. Todo lo que necesitamos. El fútbol y cuánto falta para la carne fueron los temas principales. Devoramos todo, como siempre. “Buena picada”. Gracias. “Qué bien calculé”, dijo el asador. La verdad que sí. Aplausos. Cuánto me gusta estar con mis amigos… aunque discutamos, aunque a veces nos burlemos y aunque nunca nos digamos cuánto nos gusta estar entre nosotros. Que el Dios del asado, de la picada y del fútbol los bendiga por siempre y ojalá sigamos brindando mil años más para festejar ese curioso trueque de la felicidad: piques cortos a cambio de picadas.

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